lunes, 19 de abril de 2010

Shutter Island (2010)

Mucho se ha dicho que Scorsese es un director obsesionado con la violencia. Y quizá tengan razón. Pero yo matizaría diciendo que es un director obsesionado con la violencia como temática y como fenómeno social, más allá de ser simplemente un amante de la sangre en pantalla (que, evidentemente, también lo es).

En alguna etapa de su carrera, Freud afirmaba que el arte no era más que un mecanismo de evasión, un paliativo para la neurosis. La ciencia actual ha descubierto que el arte es también una actividad de tipo exploratoria. A través de ella, el ser humano ha sido capaz de escudriñar su propia naturaleza y las diversas implicaciones que la vida conlleva.

Tiempo después, Freud comentó que el novelista Arthur Schnitzler había llegado, de manera intuitiva, a conclusiones muy similares a las suyas (también, alguna vez declaró: "a donde quiera que yo vaya, me doy cuenta de que algún poeta ya había llegado antes que yo").

En ese sentido, se puede decir que el cine de Scorsese responde por completo a la famosa teoría del autor, detonada por las reflexiones de diferentes críticos de cine, en Francia, en la década de los 60. Dicha teoría estipula que, para ser un verdadero autor cinematográfico, el director debe, en primer lugar, haber realizado varias obras (quizá de tres para arriba) que se puedan contrastar unas con otras. También debe contar con un estilo personal. Y lo más importante: debe reflejar su visión del mundo a través sus películas.

El director neoyorkino ha explorado, con éxito, temas como la identidad y la supervivencia en la "jungla de asfalto", en films como Mean Streets (1973), Raging Bull (1980), Casino (1995), Gangs of New York (2002) y The Departed (2006).

También ha explorado el tema de la obsesión patológica, desde diferentes perspectivas: cómica y patética en The King of Comedy (1982), melodramática y terrorífica en Cape Fear (1991), y dentro del formato de la llamada "bio-pic", en el caso de The Aviator (2004).

Al igual que otros cineastas egresados de la "escuela" Roger Corman (James Cameron, Johnathan Demme, Francis Ford Coppola), Scorsese ha demostrado que el cine de estudio y el cine de autor no son mutuamente excluyentes. Es así como le ha podido inyectar un contenido interesante a proyectos comerciales como The Color of Money (1986) y Shutter Island (2010).

En esta última, Scorsese se vale del estilo visual y sonoro para transmitir el estado psicológico del protagonista, como lo había hecho previamente en The Aviator y en Bringing Out the Dead (1999).

La sensación de claustrofobia/agorafobia es cada vez más asfixiante, y la meta de todo "thriller" psicológico (o, en este caso, "thriller" psicopatológico) se cumple con creces: hace dudar al espectador con respecto a lo que es real y lo que no; y lo mantiene expectante hasta el último minuto. Es como un buen partido de béisbol: no se acaba hasta que se acaba.

Shutter Island es uno de esos films que dividen fuertemente a su audiencia. Para los que van esperando un nuevo Raging Bull o Taxi Driver, resulta demasiado convencional. Para el que espera un "thriller" hiperkinético en el más puro estilo hollywoodense, resulta un tanto aburrida. En mi opinón, el que va en busca, simplemente, de una buena película, no quedará decepcionado.